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PETRÓLEO VERDE
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Currículum Vitae
Crónicas del deshielo
Ciencia y tecnología en el arte
Ingeniero industrial y experto en cambio climático
Juan Carlos Sánchez M.
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Petróleo Verde

A comienzos del 2007, el mundo experimentaba un crecimiento de la demanda de bienes y servicios sin precedentes. Los precios del petróleo comenzaron a subir al igual que los precios de algunos rubros alimenticios, disparándose de tal manera que llegaron a amenazar a la seguridad alimenticia de varios países pobres dependientes de las importaciones. Todo fue producto principalmente del crecimiento acelerado de la economía en los países emergentes. Luego se suscitó la crisis financiera y económica, una crisis grave que hasta el presente ha arrastrado consigo alrededor del 20% del PIB mundial. Se contrajo la demanda, y los precios del petróleo, alimentos y otras materias primas cedieron.

Paralelamente, el mundo de las ciencias puso en evidencia la crisis ambiental global derivada del cambio climático: el uso de combustibles, que actualmente provienen mayoritariamente del petróleo, arroja gases a la atmósfera que están desestabilizando el clima y calentando el planeta. Ello tendrá consecuencias muy adversas en un futuro no muy lejano sobre los ecosistemas y la humanidad si no se detienen las emisiones de gases. Escaseará el agua, sufriremos sequías, olas de calor, lluvias extremas e inundaciones con pérdidas de vidas humanas, infraestructuras y negocios.

El mundo desarrollado ha tomado debida nota de ello, y esta vez sí parece determinado a tomarse en serio el logro de la independencia energética del petróleo importado. La resolución de la crisis económica, aun pendiente, no debe conducir al restablecimiento del escenario de fuertes demandas y altos precios de 2007 pues los recursos no alcanzarán para todos. De allí que se haya volteado la mirada hacia lo verde, y se busque un modelo de crecimiento que responda al desafío del cambio climático con nuevos modos de producción y consumo más responsables con los recursos naturales.

Comienzan a surgir legislaciones como la American Clean Energy and Security Act en USA; la Directiva de la Unión Europea para reducir en 20% sus emisiones de gases de invernadero en 2020; y vigorosas políticas de respaldo al desarrollo de sectores verdes, incluyendo las energías renovables, redes eléctricas inteligentes, edificios verdes, eco-urbanismo, biocombustibles, vehículos híbridos y eléctricos, mayores tasas de reciclaje, proyectos de captura y secuestro del CO2. Con ello, se ha disparado un cronómetro de cuenta regresiva para el petróleo, se ha volteado un reloj de arena y cada grano que cae cierra un poco más la ventana de oportunidad para hacer de Venezuela un país próspero. Rolando Peña nos lo muestra a su manera, transmutando el barril de crudo en hielo, un hielo que se derrite inexorablemente en agua que es la fuente de toda forma de vida, cuyas manifestaciones observamos en los cientos de imágenes proyectadas en torno a ese barril que se transmuta sin retorno, sometiéndose progresivamente a los designios de lo natural.

No faltará quien recuerde que Kyoto y Copenhague fracasaron, lo cual es muy cierto, pero la última palabra en cuanto a la reducción de emisiones de gases está muy lejos de haber sido pronunciada. El cambio climático no se va a ir por sí sólo; al contrario, sus manifestaciones serán cada vez más fuertes, y sabemos que este problema lo generan no más de una veintena de naciones responsables de cerca del 80% de todas las emisiones, de las cuales la Unión Europea ya decidió unilateralmente reducirlas, y el mundo sólo espera por USA y China que juntos emiten cerca del 40%. ¿Cuántas catástrofes climáticas adicionales tendremos que presenciar para que estos países cedan? Quizás no sean muchas porque el costo económico de las mismas es cada vez más elevado. Tarde o temprano estos países terminarán cediendo, ojalá sea pronto, por el bien de todos.

Por ello, la fusión del barril es un llamado angustioso y a la vez esperanzador que nos hace Rolando Peña, invitándonos oportunamente a darnos debida cuenta de que todo esto está ocurriendo en momentos en que en nuestro país dependemos más que nunca del petróleo, y estamos apostando al futuro colocando todos los huevos en una sola canasta: la Faja del Orinoco, ese petróleo ultra-viscoso, cargado de azufre y de metales tóxicos cuya explotación genera más gases de invernadero que cualquier otro crudo. Abramos bien los ojos, nos dice Rolando, pues el futuro tiene otro color: verde como nuestros bosques que encierran una riqueza enorme que no nos hemos ocupado en proteger y conocer, al igual que todo nuestro potencial de energías renovables, productos reciclables, y todos los bienes y servicios ambientales que ofrecen nuestros ecosistemas y su biodiversidad que cada vez serán mejor apreciados a escala global. Probablemente nuestros recursos de gas natural, un combustible comparativamente más limpio que el petróleo, nos dé un respiro en la transición hacia un mundo más verde y nos permita ganar algo más de tiempo, pero la arena sigue deslizándose en el reloj, sin pausa, y el barril derritiéndose.

Caracas, 2010